El verano en Argentina no solo se siente en el aire, sino que tiene un impacto directo en el comportamiento de cualquier vehículo de dos ruedas. Cuando la térmica supera los 35°C, cuidar neumáticos se vuelve una cuestión de seguridad y, sobre todo, de eficiencia energética.

Muchos creen que la presión solo sube «porque hace calor afuera», pero la realidad es un poco más compleja. El calor extremo del verano actúa como un amplificador de todo lo que pasa dentro de tus ruedas. Si no les prestás atención, no solo corrés riesgos de seguridad, sino que estás desperdiciando valiosa carga de tu batería en cada cuadra.

En esta nota te explicamos qué pasa realmente dentro de tus cubiertas y cómo mantener tu vehículo eléctrico seguro con 4 consejos técnicos.

 

El verdadero enemigo: Fricción + Calor Ambiente

Para entenderlo fácil: cuando la rueda gira, el caucho se flexiona contra el asfalto. Esa fricción y deformación constante generan calor interno.

En invierno, el aire frío ayuda a disipar esa temperatura. Pero en un día de enero con 40°C, ese sistema de «refrigeración natural» no existe. El calor generado por el rodamiento se suma a la temperatura ambiente, provocando que el aire dentro de la cámara se expanda y aumente la presión interna.

Sin embargo, el peligro no es tanto que la presión suba, sino que la rueda esté baja desde el arranque.

 

El error que te cuesta batería (y seguridad)

Acá está la clave para usuarios de vehículos eléctricos: Rodar con baja presión es el peor negocio posible.

1- Mayor consumo de batería

Una cubierta desinflada tiene más superficie de contacto con el suelo (se «aplasta» más). Esto genera mucho más rozamiento, obligando al motor a hacer más fuerza para mover la moto. 

Resultado: Tu autonomía cae drásticamente. Es como salir a correr con botas de plomo.

 

2- Sobrecalentamiento peligroso

Al estar desinflada, la cubierta se deforma mucho más al girar. Esa deformación excesiva genera un calor interno brutal, mucho mayor al que generaría una rueda bien inflada. 

En días de verano, este exceso de temperatura es la causa principal de fallas estructurales y reventones.

 

El error clásico: «La veo baja, le pongo aire»

Llegás a la estación de servicio después de andar 20 minutos. Tocás la goma y está hirviendo. El manómetro te marca una presión alta y pensás «está joya».

¡Grave error! 😬

Si medís o inflás en caliente, el instrumento te está mintiendo. Te marca una presión «falsa» aumentada por la temperatura de la fricción. 

Cuando esa rueda se enfríe, la presión real va a ser bajísima, volviendo al círculo vicioso de mayor consumo y desgaste.

 

4 Consejos de oro para tus cubiertas

Para no complicarse, lo mejor es seguir estas reglas prácticas:

1. Medí siempre en frío

Es la regla sagrada. Revisá la presión a la mañana, antes de que el sol pegue fuerte y antes de haber rodado más de 3 kilómetros. Esa es la presión real. Siempre hay que respetar lo que indica el fabricante del vehículo para condiciones de carga normal.​

 

2. No desinfles si está caliente

Si parás en la ruta o en una estación de servicio y ves que la presión subió 4 o 5 libras por el calor, no se te ocurra sacarle aire. 

Es normal que suba. El neumático está diseñado para bancarse ese aumento temporal. Si liberás presión en ese momento, al enfriarse quedará peligrosamente baja.​

 

3. Ojo con el «piso de lava»

El asfalto caliente actúa como una lija gruesa. El caucho de la cubierta se ablanda con la temperatura y se desgasta mucho más rápido.​

En el caso de las motos eléctricas, que tienen un torque instantáneo (aceleran de golpe), este efecto se multiplica. 

Si en verano se sale «arando» en cada semáforo, la rueda trasera perderá el dibujo en tiempo récord. Un manejo suave y progresivo es clave para la durabilidad.

 

4. Revisá grietas laterales

El sol no solo calienta, los rayos UV resecan la goma. Mirá los costados de la cubierta. Si ves pequeñas grietas, tené cuidado. 

Una estructura reseca sumada al estrés térmico del verano aumenta las chances de fallar.

 

Conclusión: Tu seguridad es lo primero

Los neumáticos son el único punto de contacto con el suelo. En verano, el margen de error es más chico porque el clima juega en contra. Tomarse 5 minutos por semana para medir la presión en frío es la mejor inversión para evitar dolores de cabeza y circular con tranquilidad.

 

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